domingo, 26 de noviembre de 2017

martes, 21 de noviembre de 2017

martes, 14 de noviembre de 2017

EXPLICACIÓN DE LA ORACIÓN DESPUÉS DEL ANÁLISIS SINTÁCTICO

Para completar el análisis de la oración, debemos clasificarla y explicar su estructura; es decir, cómo funcionan las proposiciones que la componen, qué relación existe entre ellas y la oración principal.

Debemos tener en cuenta los siguientes aspectos:

1- Estructura oracional:
-ORACIÓN UNIMEMBRE ("Hay cuatro sillas mal colocadas")
-ORACIÓN BIMEMBRE , con Sujeto y Predicado
-COMPUESTA , incluye proposiciones coordinadas o yuxtapuestas. Tendremos que señalar la clase de coordinación
-COMPLEJA, incluye proposiciones subordinadas que también habrá que clasificar (Sustantivas, adjetivas, circunstanciales)

2-Modalidad oracional:
ENUNCIATIVA (afirmativa o negativa)
INTERROGATIVA
EXCLAMATIVA
IMPERATIVA
DUBITATIVA
DESIDERATIVA

3-) La estructura del predicado:
COPULATIVA (O ATRIBUTIVA)
PREDICATIVA:
                 Activa
                 Pasiva , con verbo SER + participio + complemento agente ("Ese discurso fue pronunciado por el mejor orador")
                 Pasiva refleja , con SE + Verbo transitivo + Sujeto ("En la reunión se pronunciaron unos discursos muy profundos")





sábado, 11 de noviembre de 2017

COMENTARIO DEL TEXTO "A LOS PERIODISTAS", de Rafael Reig

Aquí tenéis el enlace para acceder al trabajo realizado por Monserrat Andreu, Jorge González y Javier Moreno.
Pinchad en el título de abajo:

                                             COMENTARIO "A LOS PERIODISTAS"


El comentario corresponde a este texto, aparecido en el examen de junio de 2015:

A los periodistas. 
Rafael Reig, 30/3/2015

Por supuesto que ignoro si el copiloto, de cuyo nombre no quiero acordarme, causó el terrible accidente de avión. De ser así, ¿por qué querría nadie suicidarse de esa forma, pudiendo hacerlo a solas en su domicilio? Sólo se me ocurre una razón: el deseo de convertir su muerte en algo de fama mundial. Siempre habrá quien, una vez decidido a liquidarse, prefiera hacerlo convertido en acontecimiento universal, antes que hacerlo en discreta soledad. ¿Aunque para ello tenga que causar la muerte de más de cien personas? En ese caso nos encontramos ante un caso extremo de una patología conocida como erostratismo, que la Academia define como “manía que lleva a cometer actos delictivos para conseguir renombre”.
Como se sabe, Eróstrato fue un efesio que en el 356 a. de C. incendió el templo de Artemisa (o Diana) sólo para hacerse famoso, como él mismo admitió. Con muy buen juicio, Artajerjes prohibió, bajo pena de la vida, repetir su nombre, lo que no impidió que haya quedado registrado en la historia. Hasta Cervantes le recordó en el Quijote: “ lo que cuentan de aquel pastor, que puso fuego y abrasó el templo famoso de Diana, contado por una de las siete maravillas del mundo, sólo porque quedase vivo su nombre en los siglos venideros; y aunque se mandó que nadie le nombrase ni hiciese por palabra o por escrito mención de su nombre, porque no consiguiese el fin de su deseo, todavía se supo que se llamaba Eróstrato”. Por lo menos la intención fue buena, a mi parecer.
Puede que el copiloto no sea culpable de lo que se presume que hizo, pero mientras se averigua, ¿es necesario que todos conozcamos su cara, su vida y milagros, sus aficiones, el balcón de su casa, la opinión que de él tenían sus vecinos y hasta la ropa que se ponía para correr? Si cualquier asesino, siempre que dé una buena campanada, tiene garantizada la fama mundial, ¿cómo nos va a extrañar que haya tantos Charles Manson o tantos asesinos en serie que sólo quieren, como Eróstrato, alcanzar la sórdida pero para algunos igual de embriagadora popularidad de la infamia? ¿Se merece toda nuestra atención y nuestra curiosidad un presunto o probado asesino? Si en lugar de matarse en un lavabo o en su propia cama, con las persianas bajadas, en un triste y solitario final, le garantizamos a cualquiera la posibilidad de protagonizar un suicidio brutal que ocupe todas las portadas, ¿de qué nos sorprendemos?
Aunque quizá el problema sea más grave. Si ya en Éfeso había alguien capaz de cometer un delito para ser famoso, ¿de qué no serán algunos capaces en esta cultura nuestra en que la fama, con merecimientos o sin ellos, la fama incluso infame, es el único anhelo de la mayoría de la población?
Habrá que pensar en medidas de seguridad, aunque sin olvidar que fueron otras medidas de seguridad las que hicieron imposible al piloto abrir la puerta e impedir la acción que la prensa atribuye al copiloto. Nuestra obsesión por la seguridad no va a librarnos de las más funestas consecuencias de nuestra obsesión enfermiza por la fama.
Mi pregunta a los periodistas es: contra los Eróstratos del mundo, ¿no podíamos cerrar la boca?

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Algunos apuntes más sobre COHESIÓN



Pincha debajo para acceder a los apuntes:

         COHESIÓN LÉXICA Y COHESIÓN GRAMATICAL

Y una presentación básica para los que empezáis:

                    RECURSOS DE COHESIÓN

ANÁLISIS SINTÁCTICO DE ORACIONES COMPLEJAS. EXPLICACIÓN DE SU ESTRUCTURA



Pincha sobre el título de abajo para acceder a los ejemplos de análisis. Verás también breves definiciones en las que podrás basar la redacción de tu propia explicación:

                              Análisis y explicación de oraciones complejas

Comentario del texto "LOS VERDADEROS BROTES VERDES", de Ángeles Caso



Presentación realizada por Raquel Fabián y Diego García, de 2º de bachillerato Científico.

El texto apareció en el examen de Selectividad en la convocatoria de julio de 2013


Para ver la presentación, pincha sobre el título:

                                     LOS VERDADEROS BROTES VERDES

Y aquí os dejo el texto:


Ya sabemos que los famosos brotes verdes que Zapatero afirmó ver en nuestro panorama económico terminaron siendo completamente falsos. Los meses han ido cayendo desde entonces sobre nosotros como una capa de cenizas lanzadas por un volcán. Nada se puede decir en este momento sobre una mejora próxima de la economía. Y, sin embargo, yo sí que veo a mi alrededor un montón no ya de brotes, sino de ramas bien frondosas y hasta florecidas, que empiezan a enredarse las unas en las otras y parecen a punto de construir un verdadero bosque.


Me refiero a todos aquellos que están manteniendo el tipo, alentando la resistencia, alzando incesantemente la voz para impedir que los poderes –el económico, el político, el judicial– nos pasen por encima sin la menor consideración, llevándose por delante siglos de lucha a favor de ciertos derechos elementales. Pienso, por ejemplo, en todos esos médicos de la sanidad pública que se han declarado objetores de conciencia en lo referente a los inmigrantes en situación irregular, y siguen atendiéndolos. En los maestros y profesores que continúan dando clases con entusiasmo a pesar de las condiciones precarias que a veces se encuentran y que, junto con las cuidadoras, se preocupan por alimentar a niños que apenas comen en sus casas.



Pienso también en todos los que se manifiestan y protestan una y otra vez en las calles, no tanto por sí mismos como por acompañar a los más necesitados. En la anciana elegante en silla de ruedas, empujada por una cuidadora latinoamericana, con la que coincidí el otro día durante un tramo en una de esas manifestaciones. En quienes han sido zarandeados, heridos, detenidos o insultados por lanzar pacíficamente el grito que casi todos tenemos en la garganta.



Pienso en los jueces que protestan y batallan contra los desahucios o las tasas judiciales. En los funcionarios que siguen cumpliendo escrupulosamente con su deber a pesar del mal ambiente. En todos los dependientes y camareros que te tratan con simpatía aunque estén siendo explotados. En quienes participan voluntariamente en las organizaciones que se ocupan de echar una mano a los que peor lo están pasando. En esas madres extraordinarias que aún tienen la fuerza de fingir ante sus hijos que vivir sin calefacción o comida abundante en la nevera no es más que un juego.



Pienso por supuesto en todos los abuelos que alimentan a los suyos con su pequeña pensión, en los padres que entregan sus ahorros para que sus hijos no pierdan el piso, en los amigos que mantienen a escote al que está en el paro, o en las vecinas que le suben un platito de lentejas a los más desesperados del edificio. Y en todas esas personas valientes que están logrando que se paralicen o se suspendan los terribles desahucios, incluidos los bomberos que se niegan a participar en ellos, como antiguos caballeros de una corte medieval.



Toda esa gente común está demostrando día a día que se pueden cambiar las cosas. Sin sillones ni chóferes ni comilonas. Su valor frente al desánimo, la tristeza, la miseria y el avasallamiento es sin duda alguna lo mejor de esta crisis. Ellos son, desde luego, los auténticos brotes verdes de una sociedad que está dando pruebas de ser infinitamente mejor que quienes la representan.